sábado, 10 de diciembre de 2011

Lo prometido es deuda

La segunda parte de la entrada de noviembre para pensar...

"[…]Por supuesto, en muchos aspectos Josh se asemeja al ya viejo caso del niño “echado a perder”. Pero a Josh no solo se le toleraron demasiadas coses, también fue presionado para demostrar habilidades en muchos terrenos diferentes, como el esquí y la natación. Desde luego, lo ocurrido fue que sus padres confiaron la disciplina y la fijación de límites a la niñera y a los instructores, mientras que ellos le toleraban todo y le consentían. Y al no fijarle sus padres límites y controles, Josh no pudo aceptarlos de otros adultos. […]"

Joshua es el resultado de dos graves errores de la educación errónea y ya se observaban deficiencias conductuales en su temprana edad. Por un lado, es víctima de la necesidad de crear niños adultos (apresuramiento), y por otro, de la necesidad de crear superniño.


"Los padres de hoy creen que pueden establecer una diferencia en la vida de sus hijos, que pueden darles una ventaja que los hará más brillantes y más hábiles que sus competidores. […]Infantes y niños de pocos años aceptan la educación errónea y participan en ella porque complace a aquellos por los que tienen apego, o sea sus padres, y no porque les parezca interesante o grato. […] Los padres de hoy, como los del pasado, desean hacer lo mejor para sus hijos y están auténticamente convencidos de que una temprana instrucción formal los beneficiará. […]
Apresurar a los niños, esperando que sientan, piensen y actúen como si fuesen mucho mayores es algo que les causa estrés, pues implica ejercer una extraordinaria presión sobre ellos para que se adapten. Las consecuencias de ese apremio son los síntomas habituales del estrés: jaquecas y dolor de estómago en los que están en edad preescolar; problemas de aprendizaje y depresión en los niños de primaria; y, entre los adolescentes, toda la gama de abuso de drogas, embarazos, desórdenes al comer y suicidios. Cualesquiera que sean los problemas debidos a su propia vida, la persona joven a la que se apresura estará respondiendo, claramente, tanto a presiones externas como a conflictos internos. […]
Los padres empeñados en criar un “superniño” pueden llegar a enamorarse de sus propios poderes de Pigmalión. Y eso puede resultar desastroso para un niño cuando un padre, que niega radicalmente los esfuerzos y las habilidades de su hijo, usurpa todo el crédito por sus logros excepcionales. […]
Sí, ya sé que hay muchos casos en que los niños que han empezado a estudiar ballet, esquí o música han llegado a ser notables profesionales. Pero ésas son las excepciones, no la regla. El número de jóvenes que empezaron temprano y que sufrieron fracasos, tristezas y/o daños físicos, es mucho mayor que el número de niños que empezaron pequeños y triunfaron. [...] 
Mi preocupación ante el apremiante deseo de los padres por inscribir a sus hijos en guarderías prestigiosas es que lo están haciendo por razones equivocadas."

Y si la preocupación del autor recae en los padres mi preocupación es si los supuestos profesionales al cargo de estos niños también reproducimos estas conductas heredadas de Pigmalión o queremos crear Frankensteins. Y saber si también nos equivocamos en las formas o incluso en las intenciones.

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